New Formulation

February 2003, Vol. 2, No. 1


México Insurgente

Reseña escrita por Chuck Morse
(Traducción al castellano por Libertus Radix)

Mexico under Siege: Popular Resistance to Presidential Despotism
Mexico under Siege: Popular Resistance to Presidential Despotism
(México Sitiado: Resistencia Popular al Despotismo Presidencial)
De Ross Gandy y Donald Hodges
Londres, Ed. Zed Books, 2002

Homage to Chiapas: The New Indigenous Struggles in Mexico

Homage to Chiapas: The New Indigenous Struggles in Mexico
(Homenaje a Chiapas: Las Nuevas Luchas Indígenas en México)
De Bill Weinberg
Nueva York, Ed. Verso, 2000


Todo el mundo sabe que México tiene una larga y vibrante tradición revolucionaria. Esto es fácil de descubrir, ya sea que leamos sobre las preocupaciones de Wall Street sobre Chiapas o abramos cualesquier revista de izquierdas.

Lo que resulta más desafiante es entender la lógica interna de esta tradición, tanto históricamente como en sus manifestaciones contemporáneas. También seria esencial reconocer el hecho de que los activistas norteamericanos necesitan desarrollar una comprensión sustantiva de esta tradición para construir alianzas significativas con los camaradas al sur de las fronteras, así como un movimiento dentro de los EUA que incluya los mejores aspectos de las tradiciones políticas traídas consigo por los millones de inmigrantes mexicanos en este país.

La obra de Ross Gandy y Donald Hodges titulada “Mexico under Siege: Popular Resistance to Presidential Despotism” así como el libro de Bill Weinberg “Homage to Chiapas: The New Indigenous Struggles in Mexico” (ambos aún sin traducción al español) nos facilitan excelentes puntos de partida para profundizar en estos aspectos. Ambos libros ofrecen comprehensivas introducciones a la tradición revolucionara de México y deberían ser leídos por todo aquellos activistas norteamericanos que busquen desarrollar una perspectiva más internacionalista. Sus limitaciones también son de utilidad, incluso, porque muestran algunas de las dificultades que enfrentaremos al imaginar un movimiento revolucionario para las Américas.

Estas obras resultan especialmente atractivas para los anarquistas, dado que los autores de ambas comparten un genuino vinculo con la tradición libertaria. Weinberg es un viejo participante en los medios anti-autoritarios en Nueva York, por su parte Gandy y Hodges tienen sus propios puentes con el movimiento anarquista: Hodges, por ejemplo, es autor también del libro “Mexican Anarchism after the Revolution” editado por la Universidad de Texas en 1995, y Gandy se auto-describe como un participante en colectivos anarquistas (entre otras cosas), en la presentación de los autores en México under Siege.

Mexico under Siege: Popular Resistance to Presidential Despotism
Mexico under Siege presenta una crónica de la oposición popular al dominio del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido que gobernó México mediante una red de violencia, corrupción y engaño durante setenta años, bajo la pretensión de ser un régimen democrático. (Esta mezcla de autoritarismo y ficción democrática llevo al novelista Mario Vargas Llosa a etiquetar al México del PRI como la “dictadura perfecta.”(1)) Mexico under Siege se leería con provecho al complementarlo con otra obra de Gandy y Hodges “Mexico, The End of the Revolution” (Wesport, Conn.: Praeger, 2002), donde los autores analizan la trayectoria del régimen a partir de sus inicios durante la Revolución Mexicana de 1910, hasta su desaparición de la escena política, marcada por el triunfo de Vicente Fox en las elecciones del 2000.

La Revolución Mexicana fue una de las que tuvo más profundos alcances en el siglo XX y su triunfo significó importantes conquistas democráticas en aspectos económicos y políticos. La constitución mexicana de 1917 comprometía el apoyo gubernamental a los movimientos por la justicia social, la nacionalización de los recursos económicos, la formación de cooperativas y la extensión de un régimen colectivista en demérito del capitalismo. Ofrecía la reforma agraria para los campesinos y el derecho a huelga, a la sindicalización y el reparto de utilidades para los trabajadores. En otras palabras, de las ruinas de la dictadura de Porfirio Díaz y después de largos y amargos años de guerra civil, emergió un nuevo pacto social entre el pueblo y el Estado guiado por un movimiento conjunto hacia la democracia y la igualdad.

Sin embargo este contrato social se desintegro rápidamente y el pueblo se dio cuenta pronto que el gobierno no era su aliado en la revolución, sino su enemigo; Mexico under Siege nos refiere la historia de aquellos que se levantaron contra esta situación. Describe la emergencia de movimientos opositores al status quo, paralelamente a sus estrategias y personajes representativos, y hace una evaluación comprehensiva de los mismos. Su introducción esta estructurada en torno a motivos de las novelas revolucionarias de B. Traven--un anarquista alemán que se afincó en México después de escapar a la sentencia de muerte dictada en su contra por su participación en la República Consejista de Baviera, en 1919--y desde aquí, describe los movimientos de resistencia post-revolucionarios hasta el periodo contemporáneo. Hace un recuento de las luchas militantes de los trabajadores en los años 40, los movimientos campesinos revolucionarios en la ultima parte de esta década y la siguiente (40s -50s), donde podemos encontrar el vínculo entre Emiliano Zapata y los movimientos guerrilleros de los 90; las masivas huelgas de maestros y ferrocarrileros al final de los años 50, los movimientos de guerrilla de los sesentas, el movimiento estudiantil de 1968 y 71, los movimientos radicales de trabajadores urbanos y campesinos en los 70’s y desde luego, el levantamiento zapatista en Chiapas en 1994.(2)

La obra de Gandy y Hodges no tiene equivalente ni en Inglés ni en Español. Aunque hay bastantes libros sobre uno u otro movimientos en especifico, y sobre algunos aspectos particulares de la amplia trayectoria de la izquierda mexicana--como el libro de Barry Carr Marxism and Communism in Twentieth-Century Mexico y el de Jorge Castañeda Utopia Unarmed: The Latin American Left after the Cold War ( En español, La Utopia Desarmada--esta es la primer obra que intenta un tratamiento comprehensivo de los movimientos populares mexicanos de resistencia en su conjunto. Aun cuando es un libro de no muy grande extensión (256 paginas), y por lo tanto se considera con cierta superficialidad movimientos importantes y aspectos cruciales de los que si son abordados, Gandy y Hodges pueden demostrar con su crónica un consistente legado opositor en el país, aun en movimiento. Y lo hacen no solo examinando la evolución histórica de los movimientos, sino dando cuenta de la continuidad orgánica entre ellos (desde que diferentes tendencias y personalidades interactuaron e interactúan al interior de los mismos y se influencian recíprocamente). De igual modo, nos ofrecen reseñas biográficas de muchos de los activistas protagónicos y una documentación sin precedentes de registros históricos; por ejemplo, incluida en uno de los apéndices se encuentra la traducción del Plan de Cerro Prieto, programa enarbolado por el campesino morelense y revolucionario Rubén Jaramillo desde antes del levantamiento encabezado por él en 1953. Esta traducción se basa en el único ejemplar sobreviviente como copia mimeografiada del documento original.

El estudio panorámico de Gandy y Hodges de los movimientos opositores mexicanos concluye con una nota sin contemplaciones: La resistencia mexicana ha fracasado en su objetivo primario de romper el incrustamiento del PRI en el poder político. Aunque es cierto que el PRI fue finalmente desplazado del poder a través de unas elecciones limpias (relativamente) en el 2000, los autores subrayan que esto no fue un logro de la resistencia popular sino básicamente el resultado de muchas fuerzas y factores de presión diferentes, entre los que habría que incluir aquellos de la derecha.

Homage to Chiapas: The New Indigenous Struggles in Mexico
La obra de B. Weinberg Homage to Chiapas, es un excelente complemento a Mexico under Siege. Mientras que Gandy y Hodges analizan la resistencia popular en México, presentándola desde la perspectiva del legado de la Revolución Mexicana y su relación con el estado, Weinberg nos ofrece una exposición temática de las dislocaciones sociales y los movimientos revolucionarios que aparecen con la integración de México a la economía global (particularmente desde su punto de partida con el TLCAN). Homage to Chiapas y México under Siege se traslapan en variados aspectos, pero el trabajo de Weinberg es mucho más internacionalista y contemporáneo en su enfoque.

Si bien el levantamiento zapatista de 1994 enmarca el libro de Weinberg, el trabajo del autor es en realidad algo más que un “Homenaje a Chiapas” únicamente. La obra, que también comienza con una cita de Traven, se divide en cinco partes. La primera describe la larga historia de explotación y resistencia indígena en México en general y en Chiapas en particular (desde la colonización, pasando por la Revolución Mexicana, hasta llagar al TLCAN). La segunda sección (“Un grito de guerra desde Chiapas”) nos muestra como esta historia emergió explosivamente produciendo un insoportable sufrimiento tanto como un movimiento revolucionario que ha inspirado a millones de personas en México como a lo largo del mundo. Las tres secciones restantes (aproximadamente la segunda mitad del libro) sitúan a los dos primeros en un contexto mucho más amplio: Aquí se analizan los movimientos campesinos alo largo de todo México y las circunstancias que han catalizado su actuación; la insidiosa confluencia de corrupción política, violencia y crimen (especialmente del narcotráfico); y la conexión entre la miseria en México y las miserable maniobras dispuestas por las elites norteamericanas para perpetuar y beneficiarse de esta situación.

Weinberg es un periodista (ha escrito para las revistas High Times y Native Americas) y su libro está escrito con un estilo periodístico. Su análisis no esta marcado por debates o preocupaciones académicas; por ejemplo, no se ocupa de discutir las teorías prevalecientes sobre los movimientos sociales o en especular sobre el significado de la etnicidad en el siglo XXI. Por el contrario, su meta es contarnos la historia–-de una manera directa y entretenida–-de las varias crisis y trayectorias históricas que han llevado a México a presentársenos como un pandemonium de revuelta y descontento. Y en esto Weinberg es especialmente exitoso; no solo hace un excelente trabajo al descubrir las en no pocas ocasiones obscuras (y a veces no tanto) fuerzas y personalidades que dan forma al presente del país, sino que de forma igualmente hábil, entreteje estas para brindarnos el retrato de un país desgarrado durante quinientos años de colonialismo, la persistente resistencia indígena y las nuevas formas de conflicto que están transformando radicalmente el tejido social y ecológico de la nación.

El periodismo de Weinberg es evidentemente una forma de activismo, y su compromiso con la reconstrucción social y ecológica radical le provee de una sensibilidad a aspectos que usualmente resultan ocultas para otros. Por ejemplo, atiende excepcionalmente a las dimensiones ecológicas de la recurrente crisis mexicana: en su obra nos muestra como las practicas anti-ecológicas y anti-democráticas se conjugan para crear un desdeperanzador presente para los pobres, con conocimiento de causa, describe las variadas interrelaciones entre naturaleza y cultura que encontramos en los pueblos indígenas. De igual manera, su compromiso antiautoritario se refleja en su capacidad para hacer un retrato de los movimientos sociales que han democratizado radicalmente la vida comunitaria, distinguiéndolos de aquellos que únicamente lo presumen. De forma consecuente con la seriedad de su compromiso, evita completamente la tentación de santificar los movimientos opositores o, por otra parte, demonizar gratuitamente a las elites dominantes. Por ejemplo, aun cuando reconoce el genio carismático de un Subcomandante Marcos, también encuentra en el un dejo de “playboy”. De forma similar, identifica el nefasto papel de muchos grupos e individuos, pero no satura su narración con adjetivos denigratorios. La contención narrativa de Weinberg, con una clara intencionalidad crítica, sin embargo, así como su propósito de dejar hablar a los hechos por si mismos, hace a su trabajo mucho más atractivo que lo que podría ser sin estas características.

Anotaciones Críticas
Mexico under Siege y Homage to Chiapas nos ofrecen una amplia visión de los movimientos de resistencia popular mexicanos en sus formas pasadas y presentes. Logran lo anterior sobre la base de una original investigación histórica y expresan un genuino entusiasmo hacia los movimientos populares revolucionarios. Sin embargo, ambos libros muestran también instructivas limitaciones para aquellos que desean profundizar a partir de sus planteamientos.

Aunque Mexico under Siege estudia la resistencia popular al estado mexicano, no resulta suficientemente anti-estatal en su enfoque. Hay tres razones por lo que este es el caso:

Primero, la obra de Gandy y Hodges es en gran medida una historia política de los dirigentes, organizaciones y programas que orientaron la resistencia al PRI y no la historia de la emergencia de las clases oprimidas como sujetos históricos. Por ejemplo, los capítulos en que se aborda las huelgas de maestros y ferrocarrileros, se centran en las organizaciones y los lideres, no en los cambios en la constitución de la clase obrera mexicana. De forma similar, el capitulo que concierne al movimiento zapatista de 1994, se enfoca sobremanera en Marcos–-su historia, estilo político, etc, etc,--en lugar de tratar el desarrollo de una identidad revolucionaria entre los indígenas chiapanecos. Y si bien es verdad que una historia política como la que hacen los autores necesita ser contada, donde en efecto las dirigencias y organizaciones son importantes, su aproximación muestra la tendencia a disminuir el papel político de la gente común que la oposición pretende representar (y que finalmente es lo que le otorga sentido a las organizaciones).(3)

Además, el tratamiento de la oposición organizada en forma aislada de las clases o grupos que representa, tiende a establecer a aquellos en el poder como quienes definen los momentos clave de la historia de la resistencia popular. En otras palabras, si el énfasis se encuentra en la evolución de una conciencia de clase revolucionaria entre los trabajadores urbanos, o de un espíritu insurgente entre los campesinos, los eventos con significación histórica se presentan cuando la identidad radical de estos grupos o bien se fortalece, disminuye o se transforma. Por ejemplo, Gandy y Hodges citan una entrevista con Marcos en la que discuten el momento en que los zapatistas se unen sustantivamente con las comunidades indígenas de Chiapas: un evento de portentosa significación para Chiapas, y sin embargo completamente invisible para el estado y sus agentes locales. Así pues, ¿cómo se comprende un evento histórico crucial para la oposición organizada, cuando se intenta hacerlo fuera de su relación con las clases oprimidas? En muchos casos se permite al estado definir qué es o no significativo: esto es, el movimiento es importante cuando el estado decide que vale la pena reprimirlo. Desgraciadamente, esta aproximación es evidente en Mexico under Siege, que puede ser leído como una larga lista de las confrontaciones entre una población descontenta y el sistema. Pero, realmente, entonces ¿Qué clase de historia queremos: una historia de nosotros levantándonos o de ellos golpeándonos?(4)

Finalmente, el tratamiento aislado de la oposición organizada de aquellos que se supone representa, tiende a disminuir lo esencial que resultan los compromisos ideológicos--particularmente un compromiso con la democracia--para la resistencia. La cuestión simplemente pierde significación cuando no se teoriza o contempla a la gente (la colectividad) como actor histórico. Desafortunadamente, también, este problema es aparente en Mexico under Siege: Gandy y Hodges tratan a los movimientos democráticos y los de matriz Marxista-Leninista como si hubiera una mayor o menor continuidad entre ellos, a pesar del hecho de que existe una enorme diferencia entre aquellos que buscan imponer la dictadura del proletariado y los que luchan por la auto-organización popular. Esta distinción es vital tanto para los miembros de la oposición como para los del estado que es enfrentado, porque los movimientos que buscan reconstruir democráticamente la vida política plantean un desafío mucho mayor al estado que aquellos que solo tienen por meta confrontarlo para asumir ellos el poder político. De hecho, esto se revela en la historia de dos de los movimientos tratados por Gandy y Hodges: el movimiento estudiantil de 1968 y los zapatistas de 1994. El movimiento estudiantil buscaba transformar radical y democráticamente la vida política, a través de su contracultura y la propuesta de una democracia participativa y aun cuando el movimiento ya paso a la historia, el estado mexicano todavía resiente su legado en la forma de una sensibilidad política transformada en la sociedad, y la insistencia, presente todavía hoy, en deslindar responsabilidades sobre su proceder represivo contra el movimiento en aquellos años. Por su parte, los zapatistas han hecho también intentos decisivos para democratizar radicalmente la vida política del país (a través de sus municipios autónomos y sus consultas democráticas, por ejemplo), y desde luego, su insurrección ha representado un serio y continuo problema para el estado por más de ocho años. De forma contrastante, los grupúsculos Marxistas-Leninistas han casi desaparecido de la escena política y su memoria no representa problema alguno para aquellos en el poder.

Estos problemas con México under Siege iluminan la enorme diferencia entre luchar contra el estado y construir el poder popular desde abajo, y revelan la necesidad (y el potencial) de integrar esta diferencia a nivel teórico.

Si Gandy y Hodges pueden ser criticados por estos equívocos en su concepto de las luchas opositoras, Weinberg se desentiende de la teoría totalmente, eligiendo un enfoque periodístico para su trabajo. Como periodista, su tarea es reportar los hechos y narrar la historia, y al hacer tal, no se permite dejar el terreno de los hechos. Mientras que podemos decir que Weinberg es un buen profesional de su oficio–-su libro es tan entretenido como exhaustivamente documentado--precisamente ello le previene de especular en la lógica profunda de los acontecimientos o formular asertos sobre el carácter de las instituciones sociales como tales. En este sentido, aun la peor teoría es más ambiciosa que el mejor periodismo, y al menos se propone asir los principios subyacentes que organizan los sucesos. Y esta es una diferencia importante para los anarquistas: necesitamos ser capaces de decir no solo que el estado mexicano (por ejemplo) es bárbaro e irracional, sino que estas son características esenciales de los estados como tales. El trabajo de Weinberg nos provee de magnifica materia prima para nuestra argumentación, aun cuando el mismo no la elabora.

Conclusión
Los problemas que identificamos en ambos libros están relacionados: Gandy y Hodges se valen de una estructura teórica que no se corresponde con el aliento de los movimientos que tratan–- implícitamente, diríamos, se olvidan de la historia de la auto-organización popular en México–- mientras que Weinberg evita las cuestiones teóricas completamente. Aun cuando en las dos obras encontramos estudios matizados y sin precedentes de una historia olvidada, nuestra imaginación colectiva necesitaría ser impelida mas allá para asir en su integridad la tradición revolucionaria que se ha desplegado al sur del Río Bravo.

Ahora bien, considero que la necesidad de la teoría no puede ser eludida. La emergencia de un movimiento común entre los activistas libertarios de México y los EU precisa de la capacidad para formular planteamientos sobre el orden social imperante--planteamientos que deben hacer algo más que retrazar una situación particular o injusticia especifica. Y, de hecho, para incorporar las lecciones de la resistencia mexicana al bagaje de los movimientos radicales de EU, es menester comprender lo que es universal en su devenir.

Igualmente, la historia de la resistencia en México ha de ser entendida de tal manera que se enfatice el protagonismo de la gente común en el proceso de cambio social, ya sea que se haya levantado en armas o simplemente haya buscado mejores condiciones materiales de vida. En pocas palabras, nuestras premisas teóricas deben (y pueden) ser tan radicales como nuestras convicciones políticas.

En suma, tenemos en las obras comentadas una fuente de valioso material par entender el amplio aliento de la tradición revolucionaria en México–- una tradición mucho más profunda de lo que normalmente se supone a través de los medios convencionales o de izquierda en EU–-y sus contribuciones y limitaciones nos indican algunos de los desafíos que tendremos que enfrentar al imaginar un nuevo movimiento revolucionario para las Americas.


  1. Vargas Llosa hizo este comentario durante una conferencia televisada en la Cuidad de México, en septiembre de 1990.
  1. Los anarquistas no fueron un factor de peso en los movimientos examinados por Gandy y Hodges. Si bien en México existió un movimiento anarquista de masas durante décadas, declino y se ubico en la marginalidad a partir de los 30’s. Par una discusión que examina el intento de revivir el movimiento anarquista en México, durante los 40’s, véase la obra de Chantal López y Omar Cortés, El Expreso: Un intento de acercamiento a la Federación Anarquista del Centro de la República Mexicana (1936-1944), México DF, Ed Antorcha, 1999.
  1. Para una aproximación diferente, véase la obra de John Lear Workers, Neighbors and Citizens: The Revolution in México City (Lincoln: University of Nebraska Press, 2001) Esta libro explora la tradición de resistencia y organizaciones independientes entre los pobres urbanos y trabajadores de la Ciudad de México desde la revolución de 1910 hasta los primeros años 20. Contiene también valiosos comentarios sobre la actividad de los anarquistas durante ese periodo, particularmente la asociada con la Casa del Obrero Mundial.
  1. Poner el énfasis en la auto-organización popular nos llevaría a dirigir atención hacia el terremoto de 1985. Este desastre natural causó mas de diez mil muertos e hizo estragos en grandes zonas de a Cuidad de México. La respuesta del estado a esta calamidad se caracterizó por su profunda ineptitud y cinismo, en tanto que desde abajo emergieron numerosos grupos auto-organizados de ciudadanos para tomar parte vital en las tareas de rescate. La combinación de incompetencia estatal y auto-actividad popular fue un golpe para la legitimidad del PRI–-con consecuencia más perdurables que muchos de los grupos de izquierda examinados por Gandy y Hodges en su libro –-y prendió la mecha de un movimiento urbano militante. Bill Weinberg comenta en su obra este acontecimiento advirtiendo que a partir de esta calamidad, “México ha visto un renacimiento de movimientos populares que no se comprometen ni con el partido oficial ni con los de oposición.” (Homage to Chiapas: The New Indigenous Struggles in Mexico [London: Verso, 2000], 202).

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